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miércoles, 15 de enero de 2014

El paisito


El buen mate nuestro de cada día...cada día más costoso.

Las nubes por encima de las cabezas, tan cercanas que se deshacen con un suspiro de añoranza o felicidad.
La rambla marítima o paseo del sol que se oculta detrás de los moais de cemento, acero y vidrio. Figuras que vigilan a los bañistas y les esconden el sol prematuramente...que macana.

Los balnearios, que no spases, de playas infinitas, de bañistas deportistas con esférico entre pies y cabeza. De familias con niños constructores, arquitectos, cuenta-cuentos y delfinarios. 

El chiringuito vendiendo agua caliente a 35 grados centígrados de sensación térmica...agua caliente? pal mate bo!

Mar de arena, arena de mar, camina y camina para llegar a ninguna parte. Sensación de infinitud en la vista, que relaja, despreocupa, te lleva. Como la suave brisa que siempre corre para refrescar las temperaturas de un verano que cada año se vuelve más insoportable.

Llega el momento de la retirada. El sol avisa con su tonalidad anaranjada, el ámbar de los semáforos, a juntar a juntar cada cosa en su lugar. Se mete en la cama de las nubes y se arropa con el agua. Un aplauso estalla entre entes anónimos ocultos detrás de gafas de sol...gafas-de-sol, che qué ironía!

El asadito, el whiskycito, el mate, la bombilla y los bizcochitos. El tempo lento, la broma fácil, la vida que va pasando. La yerba que viene de Brasil, las extensiones de soja para los chinos, pobre la marihuana a quien reprochan y agradecen, según cada cual.

Las colonias de todo tipo y sin fragancia. Las chacras, extensas, suaves, soleadas. Las vacas que pastan a un ritmo tranquilo, como el latido de su corazón, ajenas a su destino inevitable. Los gauchos que todavía existen y sobreviven ajenos también a lo imponente del sistema allende la frontera de su casa.

Lindo paisito, edulcorado con dulce de leche, tierra fértil para la torta frita y el chajá. Rincones que luchan por hacer oídos sordos y ojos ciegos al turismo, quien al mismo tiempo DEBE respetar su privacidad.

Cocina importada del viejo continente pero con toque a lo criollo. Ponte una pizza por montera y cabalga en un fainá. Al final te espera un Porteño, enterrado en muzza y abrigado con panceta para no pasar frío.

Y yo con mi acento exótico, provocador de risas y curiosidades siempre inocentes, venido del país del Non Plus Ultra, tierras malditas desde que el Non se hundió en el Atlántico. Las almas de los antiguos Charruas envuelven nuestros viajes. Sus vibraciones nos transmiten un "respetá el paisito, por los desaparecidos". Su sangre todavía corre en las raices de los Ombues, alimentando las tierras con la sombra sagrada que en verano da sosiego y en invierno acoge.

Lindo paisito, no cambies nunca, sigue tranquilo a tu ritmo, la ventaja de ser pequeño, insignificante a los ojos de las grandes potencias. No desfallezcas en tu caminar, que no correr, hacia tu sino que igual que a otro, es incierto.





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