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viernes, 24 de enero de 2014

De naufragios y leyendas


Y ella se volvió una vez más para grabar en su retina la imagen de aquella playa paradisíaca. No tenía ni grandes chiringuitos, ni vendedores ambulantes, ni olor de bronceador, ni cuerpos pervirtiendo la arena mientras un posible melanoma va tomando forma.
Era una playa de arena fina, notaba como se metía en cada una de las uñas de los dedos, hasta en las arrugas de las plantas de los pies. Agua fría, helada, que compensaba el calor cuarenton que deshidrataba. Sol punzante, exigente, picoteando sus hombros, su nariz, sus empeines, sus orejas. 
Sus pies se perdieron caminando en el agua tranquila, sin llegar más allá de la rodilla hasta el infinito (al menos esa es la impresión que daba). 
Dura caminata aguardaba la vuelta a la realidad. Esa playa lo merecía...Naufragados...quien le puso ese nombre? Que pasó? Prefiere no saber la historia real, es mejor imaginar...costas de piratas, invasores y colonizadores...grandes canívales de civilizaciones remotas. Naufragios, abordajes, luchas territoriales, defensa del poder material y terrenal. Vencedores que acaban rendidos a delirios febriles y picadas de mosquito. Grandes fortalezas que generan debilidad...debilidades que se quedan en eso, simplemente debilidad. Y quien acabó venciendo fue la naturaleza, hambrienta de muros, cimientos y tejados. Invasora de terrenos privados y verjas cerradas. Colonizadora de tierras feudales y bosques personales. 
Cual piratada arribado a tierras inóspitas ella encontró su tesoro en aquella playa, y este se fundió en sus retinas para siempre.

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